Sabes perfectamente de lo que te hablo. Te ha pasado muchas veces, más de las que te gustaría. Miras el reloj y ves que las agujas no quieren avanzar. Intentas olvidarte de él durante un rato, para coger moral, incluso intentas usar tu fuerza mental para empujarlas, pero esas malditas siguen tortugueando como un suicida sin vocación. Seguro que también conoces la sensación contraria, o al menos eso espero, porque si no te ha pasado, o eres muy joven o no has vivido lo que debieras. Ocurre en las estaciones de trenes, cuando queda una hora para la partida y aún menos para despedirte de ella para siempre. Esas insensatas y despiadadas corren como el Lute cuando era el Lute, el primer beso se convierte en el último en cuestión de segundos, y la dejas en el andén como a una Penélope para quien esas dos cabronas vuelven a dormir para no volver a despertar.
«Pero esas malditas siguen tortugueando como un suicida sin vocación».
ResponderEliminarMe gusta tu estilo. Quiero más.