Vas por la calle pensando qué demonios vas a escribir en el blog esta semana y, volviendo del supermercado, te das cuenta de que en tu barrio, de altos edificios, hay un solar carne de la crisis desde el que se pueden ver las estrellas, y piensas que no es mala idea. Pero llega el viernes de soledad electoral y una película te cambia los planes. Y es que no son necesarios Bergman, Allen, Coixet, Polanski, ni siquiera Wilder. Tampoco Jack Lemmon y Shirley McLaine, ni Mia Farrow, ni Gable ni Gardner con Kelly, tampoco Rita Hayworth. Basta con un novel, que no Nobel, un guión emocionante, alta cocina, Unax y Nora, y una manta para el frío. Los seres humanos tendemos a exigir mucho de muchas cosas. Queremos que una película además de ser buena, nos entretenga, queremos que un libro además de estar bien escrito, nos enganche, queremos que el amor además de llegarnos, se quede para siempre y queremos que la Vida, además de ir bien, nos regale. Y es que, quizás, queremos muchas cosas. Y es que, quizás, no demos nada a cambio.
Bon Appétit
me encantó esa pelicula. Amigos con derecho a roce aunque el final...fue bastante desconcertante...pero realista si somos sinceros.
ResponderEliminarLa vida no es tan bonita como te la cuentan en las películas
- ¿te refieres a cuando dos personajes están hablando y de repente se empiezan a besar?
- Sí. En la realidad es mucho más complicado. Esas cosas nunca ocurren
- … Solo te he besado para llevarte la contraria
- Ha sido un argumento muy convincente