Habían quedado a las siete y ella, como siempre, se retrasaba. Él había dejado su teléfono móvil en casa para evitar así un arrepentimiento de última hora en clave de SMS.
Se entretuvo observando el Café. Era de una cadena de esos que ahora llaman Coffee Shop (en el sentido menos tulipanesco de la palabra) y en el que ya había estado una vez, en muy diferentes circunstancias. Le gustaba aquel sitio donde se juntaban a merendar la pareja de jubilados desafiando a su diabetes y las colegialas disfrutando de su viernes, sin olvidar a los adictos al Internet con sus MacBook bajo el brazo.
- ¡Te he mandado un mensaje a las seis diciéndote que llegaría media hora tarde!
Se conocían bien. Tres años en la residencia de estudiantes habían forjado una amistad que ahora, viviendo por separado, tenía que conformarse con una merienda algún que otro viernes.
Antes de que les pusieran los gofres ya lo habían hablado casi todo. Cuando ella atacaba su bola de helado de dulce de leche, preguntó:
- ¿Has vuelto a ir?
Él había preferido el turrón. Era octubre, pero el Corte Inglés le había contagiado la avidez por el anticipo de la Navidad.
- Voy a veces, a jugar al fútbol.
-¿Y cómo está aquello?- inquirió ella.
- Tan solo es gente nueva viviendo en nuestra casa.
Espero ansiosa tu nueva entrada! =)
ResponderEliminarEsta me ha llegado al corazon, me ha hecho mucha ilusión. Repetiremos lugar hasta que quememos la carta!
Me ha encantado, Andresín. A partir de ahora te seguiré.
ResponderEliminarVaquilla